Un paseo entre las nubes
Un puente elevado reduce los tiempos de viaje, acerca a la gente a sus hogares y convierte un valle remoto en un destino próspero
Los escalones están resbaladizos por la sal. Una ola de frío a fines de enero cubrió la pasarela con una fina capa de hielo, y un viento cortante asciende desde el fondo del ca?ón, atravesando la ropa de invierno.
“Caminen por los lados”, advertió la guía Shi Xiuzhi a sus visitantes. Detrás de ella, suspendido a cientos de metros sobre el fondo del Gran Ca?ón de Dehang, se encuentra el puente Aizhai, una estructura de acero y cables de 1.176 metros de longitud.
Cuando se inauguró en 2012, en la prefectura autónoma de las etnias tujia y miao de Xiangxi, en el oeste de la provincia de Hunan, era uno de los puentes colgantes más largos del mundo en atravesar un ca?ón.
“Cuando era estudiante, me llevaba cuatro o cinco horas volver a casa desde la escuela”, recordó Shi, al evocar la vida antes de que se construyera el puente. “Mis abuelos nunca habían ido a la ciudad. En ese entonces, parecía que ni los pájaros podían salir de estas monta?as”.
Las monta?as nunca fueron fáciles de cruzar. En la década de 1930, mientras la guerra se extendía por China, se abrió en estos acantilados una “l(fā)ínea vital en tiempos de guerra”. Más de 2.000 trabajadores, que cargaban sus propios alimentos y herramientas, pasaron siete meses tallando lo que luego sería la carretera de Aizhai.
Vista aérea de una carretera cercana al puente Aizhai, que se pliega sobre la monta?a como una cinta de seda. PARA USO DE CHINA DAILY
La ruta que construyeron apenas alcanzaba los 6 kilómetros, pero serpenteaba a través de 13 curvas cerradas en una ladera de apenas unos cientos de metros de altura. En algunos tramos, 26 curvas en zigzag parecían superponerse unas sobre otras.
Los habitantes locales tenían un dicho: “La pendiente de Aizhai, monta?as sobre monta?as, 13 curvas: en cada curva, una puerta al infierno”.
Los atascos podían durar medio día y los accidentes eran frecuentes, a veces mortales.
En 1992 se creó el escuadrón de policía de tránsito de Aizhai. Sin terreno plano donde ubicarse, los agentes construyeron un puesto en los árboles: tablas de madera clavadas entre ramas, suspendidas sobre el borde del acantilado. Desde ese precario lugar dirigían el tráfico, colgados en el aire.
Para 2004, las autoridades provinciales aprobaron una nueva autopista que conectaría Jishou, el centro urbano del oeste de Hunan, con Chadong, un pueblo en la frontera con Chongqing.
Pero quedaba un desafío: cruzar el Gran Ca?ón de Dehang, una garganta de más de 1.000 metros de ancho y 500 metros de profundidad, sin da?ar su frágil ecosistema.
“El microclima aquí es extremo”, explicó Zhang Yongjian, ex subingeniero jefe del proyecto.
La niebla cubre la zona casi la mitad del a?o. En invierno, las temperaturas en la monta?a son cinco grados más bajas que en el valle, lo que limita considerablemente el período de construcción, agregó.
Tras tres a?os de planificación, los ingenieros encontraron una solución: separar las torres del tablero. Las torres se ubicaron en las cumbres, mientras que el tablero quedó suspendido debajo.
Esta innovación redujo la excavación en 700.000 metros cúbicos, suficiente tierra como para llenar una cancha de fútbol hasta la altura de un edificio de 20 pisos. Según Zhang, este dise?o se adaptó al terreno y protegió el entorno natural a ambos lados.
Cuando el puente se inauguró el 31 de marzo de 2012, la transformación fue inmediata: un trayecto que antes tomaba 30 minutos pasó a durar apenas un minuto.
Hoy, el puente Aizhai, junto con el Gran Ca?ón de Dehang y las aldeas locales de la etnia miao, forma un importante atractivo turístico.
En estas comunidades étnicas, los tambores reciben a los visitantes al ritmo de tradiciones centenarias, mientras que los deportes extremos en el puente atraen a aventureros de todo el mundo. A lo largo de las rutas de monta?a, carreras de ciclismo y maratones se desarrollan ahora con un telón de fondo de acantilados imponentes y monta?as verdes.
El flujo constante de visitantes también impulsó los negocios locales. Restaurantes y alojamientos se alinean en los caminos de acceso para atender la creciente demanda.
Wang Shouyong, quien dirige una empresa turística en la zona del ca?ón de Dehang, fue testigo directo de esta transformación. “Es un ejemplo vivo de cómo convertir una brecha natural en una vía de paso, y luego esa vía en un motor de revitalización rural”, afirmó.






















